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lunes, 4 de abril de 2011

Las Lobas que buscan los Huesos y Resucitan a los Perdidos

Mi familia es muy tradicional y conservadora, se le puede llamar una buena familia. Mi padre siempre fue y será un trotamundos, mi madre en sus primeros años de matrimonio sufrío mucho de soledad.
Al igual que Sara mi abuela, madre de mi padre, ella era la esposa de un Marino, él siempre navegaba, dejándola sola con sus 9 hijos.

Hasta que un día el abuelo, Luis Alfredo, se enfermó gravemente... debido a un golpe en el submarino en el que trabajaba día y noche. Esto lo llevó a tener múltiples desórdenes de personalidad, mi padre vivió el tromento en su más tierna infancia, hasta que cuándo mi padre cumplió 11 años, mi abuelo falleció... suena cruel decirlo, pero sé que Hugo experimentó un gran alivio al saber que él ya no estaba en este mundo.

Las últimas palabras del Abuelo fueron: "tú serás el hombre de la familia"... Asumir una responsabilidad de ese tipo es tremendamente fuerte, siempre lo he escuchado decir que él no quería cargar con ese peso, yo lo comprendo. Madurar a esa edad, tan de golpe no debió ser nada fácil.

Hugo se transformó en un revolucionario, combatía en la Democracía Cristiana, gritaba: VIVA FIDEL Y LA REVOLUCIÓN.
Su reveldía era tan grande que olvidó crecer, pero se hizo hombre al lado de una gran mujer Silvia.

Silvia, me enseñó a gritar fuerte cuando me sintiera violentada, hasta en el más mínimo detalle, jamás permití que se me faltara al respeto. El Chamanismo dice: "Aquél, que no puede aullar, no podrá encontrar su manada"  y "La tarea de La Loba se podría considerar un cuento milagro, pues nos muestra lo que puede ser beneficioso para el alma".

En resúmen Silvia, me enseñó a aullar, nunca fue mi intención discriminar, pero sí observar, escuchar, leer, mirar a los ojos y descubrir, qué se trae en mente aquél que se encuentra frente a mí. "No hay que confundir nunca el conocimiento con la sabiduría. El primero nos sirve para ganarnos la vida; la sabiduría nos ayuda a vivir."(Sorcha Carey)
Hoy, a mis 26 años, luego de muchos moméntos difíciles: la muerte del tío Luis Alfredo, el terremoto, la enfermedad de Hugo, la muerte de la tía Ana, la desesperación de Silvia al ver que su hombre se va de a poco, la dura pérdida que sufrió Susana... Esas experiencias me ayudaron a morir, y luego a resuscitar. Morí lentamente durante 4 años, junto a un niño bueno, que no sabía lo que buscaba en este mundo, él fue criado bajo un modelo rotúndamente distinto al mío.

Durante 4 años me creí una heroía, alguien que podría salvar o resucitar a otro de su desesperación, lo intenté, juro por Dios, que hice todo lo que estuvo a mi alcanse, pero nunca, me escuchó, quizás sí, pero ya era tarde... Mi mente, mi cuerpo y mis fuerzas, se habían desvanecido.

Decidí terminar con mis tormentos, y le pedí que se alejara de mí, porque ni él ni yo, nos hacíamos bien... Espero que cuando lea esto, comprenda el mensaje, si no lo hace, debe buscar sólo su propio camino...

Sin tener hijos, sin tener mayor responsabilidad que cuidar de mí misma, aprendí a buscar la sabiduría en quienes puedo confiar, en quienes son mis amigos, en quienes tienen la fortaleza para escuchar y no sentirse abatidos.


Ahora puedo decir que soy la loba Alfa de esta manada, y que cuando sea necesario me transfromaré en la loba beta. La que observa a su manada desde atrás y vigila que todo marche bien.

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